DON ZATTI - Síntesis Biográfica
 
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Artémides Joaquín Zatti, nació en Boretto, Italia el 12 de octubre de 1880, es bautizado ese mismo día en la parroquia San Marcos. Es el tercero de ocho hermanos. Sus padres Luis Zatti, y Albina Vecchi son fervientes cristianos. En 1897 emigran a la Argentina, donde vivía su tío Juan Zatti. Se radicaron en Bahía Blanca. Trabaja en una fábrica de mosaicos. Participa activamente en la vida parroquial, colaborando con el Padre Carlos Cavalli, su director espiritual.

El 19 de abril de 1900 ingresa al aspirantado salesiano en Bernal. Cuidando a un enfermo de tuberculosis contrae la enfermedad. Es enviado a Viedma al colegio San Francisco de Sales. Obtiene de María Auxiliadora, la gracia de la sanación total, y le promete dedicar toda su vida al cuidado de los enfermos. 

En 1908 se consagró a Dios como salesiano coadjutor. El 18 de febrero de 1911 hace sus votos perpetuos. En 1934 participa representando a los hermanos coadjutores de la canonización de Don Bosco.  Desde 1911 a 1951 se entrego en el hospital San José, al cuidado y servicio de los enfermos y pobres. Su amor apostólico y su corazón solidario lo movía a visitar día y noche, en su legendaria bicicleta los enfermos de Viedma y Patagones. 

El 27 de febrero de 1951 pide la Santa Unción de los enfermos. Muere  serenamente, el 15 de marzo  dejando escrito su certificado de defunción. Un breve testimonio, sintetiza magistralmente su vida: ôSiempre fue, piadoso, alegre y trabajador". 

El beato Artémides Zatti, ofrece un singular testimonio de laico consagrado. Dedicó toda su vida a testimoniar en el mundo la caridad y la entrega solidaria, a los hermanos enfermos, y a los pobres, al punto  que todos lo consideran el Buen Samaritano, pariente de todos los pobres.

Lo que lo distingue y caracteriza es su total entrega, animada siempre de un amor sobrenatural.
La actualidad de su testimonio está en que  supo unir el compromiso de la promoción humana con una constante preocupación evangelizadora. Testimonia el servicio integral a la persona. 
Un verdadero contemplativo en la acción, según el camino espiritual de Don Bosco.

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